Argentina - La nueva sala empleará más personas que la principal planta fabril de la ciudad. Pero al Estado le quedará poco y nada. Está eximida de pagar tributos. El revés de un modelo que se gestó en las gestiones de Reutemann y Obeid.La melancolía literaria demarca márgenes que la pura realidad hace pedazos en un abrir y cerrar de ojos. Esos personajes salidos de una novela de Juan José Saer que van a comer amarillos asados (envueltos en papel madera) en el puerto de Santa Fe, y después arrancan la noche a jugar al punto y banca, parecerán más saerianos que nunca, cuando mañana se inaugure el casino en la capital provincial, donde los santafesinos verán –atraídos por las luces de neón y el batifondo de las tragamonedas– cómo comienza a marchar la principal industria de una ciudad, cuya matriz productiva parece ser un misterio difícil de encontrar para las últimas administraciones que depositaron en el juego y la reconversión de la zona portuaria los puntos de despegue del municipio que hace cinco años fue arrasado por la inundación.
El casino, que empleará a más de 600 personas –medio centenar más que la cervecería Santa Fe, el complejo fabril más grande de la ciudad–, dejará poco a nivel de dinero contante y sonante. Se calcula que al Estado municipal le podrían quedar en concepto de canon sólo unos 300 mil pesos netos mensuales, mientras que para la Provincia la cifra será menor aún, ya que la casa de juegos está eximida de los principales tributos, entre ellos Ingresos Brutos. También está exenta del Derecho de Registro e Inspección (DREI).
Se estima que el hotel casino –que tendrá 600 tragamonedas, 36 mesas de juegos y un bingo electrónico, además de 72 habitaciones y un auditorio con capacidad para mil personas– facturará por mes unos 30 millones de pesos, el doble de lo que ingresa en el de Melincué, que se inauguró el año pasado, según calculó el vicepresidente de la Caja Lotería de Santa Fe, Sergio Beccari.
Tanto en Santa Fe como en Melincué, la empresa que administrará el casino será Boldt, una firma que tiene una vieja (y polémica) relación con el Estado provincial: desde 1991 fue contratada por la provincia para realizar la lectura de los cupones de la Lotería.
La apertura del casino de Santa Fe empezará a formatear en la provincia un modelo de industria del juego que se gestó hace poco menos de una década, durante el gobierno de Carlos Reutemann, y que logró imponer Jorge Obeid en su gestión al licitar los tres emporios de Rosario, Santa Fe y Melincué. Las tres casas de juego facturarán, según cálculos oficiales, unos 100 millones de pesos mensuales. El canon –según interpretan desde la actual administración provincial– no dejará grandes dividendos al Estado: la concesionaria tendrá que depositar el 21% de lo que se genera por tragamonedas, el 35% de lo que se gana en el bingo y 3.500 dólares por cada mesa de paño.
Mario Lacava, uno de los principales defensores de este modelo de casino cuando se votó la ley 11.998, consideró que la apertura de la casa de juego significa “un paso para alcanzar el sueño de que Santa Fe vuelva a ser la de los ‘60: querible, respetada y deseada”.
El intendente santafesino, Mario Barletta, se mostró mucho más cauto y prefirió adjetivar menos sus ideas. Admitió que, a nivel de recursos, Santa Fe no sacará ningún pleno, pero rescató que con el casino “se abre la posibilidad de recuperar una zona que estaba abandonada a causa de la inactividad del puerto”. El master plan, que implica un proyecto más global de reurbanización de ese sector de la ribera, fue reformulado por la Municipalidad para que –según detalló Barletta– los santafesinos puedan ganar un espacio jerarquizado en la ciudad. La idea es construir otra costanera y que el emblemático molino Marconetti, que se halla a metros del casino, se transforme en un espacio cultural, similar a la Isla de los Inventos rosarina. “Es vital que los santafesinos dejemos de mirar el río como un enemigo que nos causó tanto daño y lo empecemos a disfrutar”, aseguró.
Mañana, la primera bola. Desde el casino que mañana se inaugura, a Santa Fe se la ve espléndida. O al menos a parte de ella, sobre todo de noche. El entorno portuario renace: cambia ruinas por emprendimientos comerciales, muestra los edificios iluminados y el agua del canal de acceso que hamaca los reflejos de las torres y de las aún nuevas avenidas 27 de Febrero y Alem.
Cuando los santafesinos vayan a cambiar sus pesos por fichas les va a sorprender cómo se ve ahora la ciudad desde el puerto, tanto como la construcción de 63.941 metros cuadrados.
Es cierto que siempre al tomar distancia lo desagradable se disimula mejor. Pasa con los chicos de los semáforos, que en las postales parecen solo chicos que cruzan las calles. Y pasa ahora cuando se revisan las cifras sobre el impacto que tendrá esta urbanización.
Frente a la oportunidad de crear 600 empleos y un movimiento económico mayor, asociado al turismo, pocos recuerdan patologías como la ludopatía, que hace surgir casas de empeño en los alrededores de los casinos. Por ahora no hay ninguna en el microcentro, en el que en cuestión de horas habrá 600 máquinas tragamonedas.
En cambio, abundan en la capital provincial los comentarios sobre los nuevos trabajos que llegan junto a toneladas de maquinarias para el juego. Los croupiers fueron seleccionados en enero por sus habilidades matemáticas y desde entonces cobran –mientras se capacitan– 500 pesos mensuales.
Al girar la bola sobre los 36 casilleros, sus ingresos serán de 1.600 a 1.700 pesos. Además, los 300 jóvenes que vestirán chaquetas negras y amarillas (la mayoría debía tener menos de 35 años) saben que en las mesas, junto a los clientes que apuestan mucho, las propinas son jugosas. Por “caja de empleados” pueden duplicarse y hasta a triplicarse sus ingresos.
Aunque no hay una orden estricta, los encargados de decir “no va más” tienen que procurar que amigos y parientes no se muestren próximos en las mesas de juego a su cargo.
Impacto urbano. El casino en Santa Fe incluyó como condición para su explotación la construcción de un hotel y un centro comercial. El emprendimiento de la Ribera debió coincidir con otro proyecto: la transformación de una zona casi sin uso de la estación fluvial. Un plan director que procura refuncionalizar el sector. La Municipalidad local ya se ocupó de sacar de la plaza más cercana a vendedores que ya no eran ambulantes sino ocupantes, y colocarlos en un inmueble que les alquila. Además, firmó un convenio con la empresa que explota el juego en la capital provincial para la construcción de un puente peatonal que evitará que –movidos por la felicidad o la depresión– los apostadores no se jueguen la vida también al cruzar la avenida que separa la zona portuaria del centro.
En Melincué sólo festejan
A diferencia de Rosario y Santa Fe, en Melincué creen que el casino fue una especie de bendición divina, sobre todo para el intendente Oscar Pernigotti, dueño de la principal inmobiliaria de la zona, que se favoreció con el boom turístico de una región que había quedado sumergida tras el desborde de la laguna. El casino de Melincué, según la Lotería, recauda un promedio de 15 millones por mes, y le deja a la comuna unos $130 mil, un monto jugoso para un pueblo de 2.500 habitantes.
Fuente: agenciafe




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