España - La Policía autonómica desmanteló a finales de junio una sala ilegal de póquer, pero los aficionados siguen organizando partidas clandestinas. EL COMERCIO asistió a una de ellas.Nada más alejado de la imagen que nos traslada el cine norteamericano, ese mundo de casinos, bajos fondos de las grandes ciudades y un hampa que domina un juego donde se mueven millones de dólares. Como en todo el mundo, en Gijón también hay aficionados al póquer, un juego que, de forma legal, sólo se puede practicar en salas con permisos especiales.
A finales del pasado mes de junio, la Policía autonómica desmanteló una sala ilegal de póquer en un local de la gijonesa calle del Cortijo. Los responsables del local llegaron a publicitar en internet las partidas, posiblemente por desconocimiento de la ilegalidad que estaban cometiendo. Pero en muchos lugares de la ciudad se siguen celebrando partidas, en las que, por lo general, se reúne un grupo de amigos para pasar unas horas jugando, bebiendo y fumando. Si, de paso, se pueden ganar unos euros, mejor que mejor.
Pero la seguridad prima en la celebración de estas partidas. Por lo general, se conciertan en lugares desde donde los jugadores no puedan ser observados desde el exterior, a pesar de que mantienen que no hacen nada ilegal. Uno de los participantes en el juego indica que «en todos los bares se pueden ver partidas de chinchón o de mus en las que se está jugando dinero y no pasa nada», ya que siente que su afición está discriminada frente a otros juegos de naipes.
Otro jugador defiende lo genuino del póquer, pues mantiene que «hay muchos juegos de mesa en los que no tienes que hacer nada y todo depende de las cartas que tengas o del número de salga en un dado. El póquer es un juego de habilidad y ningún jugador es igual que otro. Influyen muchas cosas».
En lo que sí están todos de acuerdo es en que «parece que estamos en un estado policial», aunque al final parece que les reconforta el hecho de que, «si nos pillan, sólo se trata de una falta administrativa. Otra cosa es lo que le puedan hacer al dueño del local. Pero es excesivo perseguir partidas en las que lo máximo que se apuesta son 20 euros en cada mano».
El tipo de póquer más popular es el Texas Holdem, en el que cada jugador cuenta con dos cartas y ha de conseguir una combinación ganadora con los cinco naipes descubiertos que se colocan en el centro de la mesa. Jugar una mano da la posibilidad a los participantes de realizar hasta cinco apuestas. En el póquer cerrado, en el que los jugadores tienen cinco cartas y después realizan un descarte, se dan un máximo de dos apuestas por mano. Por eso, los aficionados consideran más interesante la modalidad Texas Holdem o también llamada póquer descubierto.
Al inicio del juego, se reparten dos naipes a cada jugador y dos de ellos ponen las primeras apuestas, llamadas 'small blind' (chica) y 'big blind' (grande). La segunda es el doble de la cuantía de la primera. A continuación, se las tres primeras cartas descubiertas, en una apuesta denominada 'flop'. Descubrir la cuarta carta común y realizar la apuesta es el 'turn', mientras que el proceso de la quinta carta es el 'river'.
Por lo general se trata de un juego entre amigos, por lo que «no tenemos ninguna norma. Aquí cada uno se puede marchar cuando quiera. En otras partidas existe, por ejemplo, la norma de que si vas ganando no puedes abandonar la partida. El juego termina cuando lo decidimos entre todos o, simplemente, se pone una hora límite», asegura uno de los participantes en la partida de la que fue testigo este diario.
«No somos ludópatas»
El grado de experiencia en este juego de los participantes es muy variado, aunque aseguran que «no somos ludópatas. Esto no tiene nada que ver con la gente que está todos los días en el casino o con aquellos que se gastan mucho dinero en las máquinas tragaperras. En Gijón hay muchos sitios en los que se juega al póquer, pero sobre todo se trata de grupos de amigos, como nosotros».
Como en todo juego de azar, el póquer tiene mucho de suerte, pero también de engaño. Un jugador avezado puede hacerse con una mano importante sin apenas haber ligado juego, pero a eso se llega con la experiencia: «En el póquer hay un poco de engaño, para que los contrarios se ceben y apuesten cuando tú tienes una buena jugada».
Los participantes en la partida también llaman la atención sobre la creciente afición que existe a jugar al póquer 'on-line', es decir, mediante páginas web especializadas en las que el jugador puede hacer sus apuestas en varias mesas a la vez. En este caso, la empresa que gestiona la página web se queda con un porcentaje de las apuestas realizadas. También explican la diferencia entre las partidas en los locales de las ciudad y las que se pueden realizar en los casinos que dispongan del permiso específico para el póquer: «En un casino, el jugador juega contra la banca, con lo que las posibilidades de ganar que tienes son menores. En nuestras partidas, jugamos contra los demás participantes, es decir, no hay una banca que se lleve la mayor parte del dinero. En el Texas Holdem hay más posibilidades de ganar y, al final, todo depende de las estadísticas».
No son partidas para hacerse rico, sino, como mucho, para hacerse con 100 ó 200 euros que, con mucha probabilidad, se quedarán en la siguiente convocatoria. Eso sí, se pasa un buen rato. Un jugador indica que, «según pasan las horas, hay más dinero en la mesa, porque la gente se 'pica'. Para mí, lo mejor es la última media hora de la partida».
Durante ese tiempo son muchas las copas que se beben y las cajetillas de tabaco que se consumen. El póquer va rodeado de un aire de clandestinidad incluso si se juega en su propio domicilio, ya que se trata de un tipo de juego de naipes en el que el ambiente se crea sólo. Quizá simplemente con decir la palabra 'póquer'.
Fuente: elcomerciodigital




No hay comentarios.:
Publicar un comentario