sábado, 26 de julio de 2008

Crecimiento del juego

Argentina - Se sostiene que cuando más son las necesidades y urgencias de la gente, mayor es el crecimiento del juego en casi todas sus posibilidades de ofrecimiento.
Y algo debe tener de cierto, pues es habitual que el juego prolifere más en aquellos sectores de recursos más limitados, que visualizan allí la perspectiva de alcanzar alguna clase de recompensa fácil y cómoda que les alivie la situación.
En los últimos años, el juego viene adquiriendo una expansión enorme en todo el país, no quedando exceptuada prácticamente ninguna de sus expresiones, tanto en los grandes centros urbanos -antes se restringía a las zonas de turismo- como en las rurales.
Se trata, sin dudas, de una situación preocupante, teniendo mucho que ver el Estado, ya que es quien mediante una serie de normas concede cada vez un mayor avance de salas y locales para la práctica de juegos de azar, sean casinos, bingos y centros de apuestas, en todas aquellas jurisdicciones en los cuales las leyes los permiten y habilitan.
Es que una vez quebrada la tradicional actitud restrictiva, en pocos años se vino una avalancha de estos lugares de juego, contándose hoy en día -a modo de ejemplo- en la Capital Federal dos casinos, cinco bingos y unas 3.000 máquinas tragamonedas, mientras que en la provincia de Buenos Aires hay 11 casinos, 46 salas de bingo, 3.000 agencias de lotería y 5 hipódromos. Como muestra, sobra y alcanza, para tener presente la excepcional difusión alcanzada por el juego en todas sus expresiones, pudiéndose además añadir otra clase de prácticas clandestinas como la quiniela, las carreras cuadreras, las riñas de gallos, las carreras de canes, o cualquier otra práctica a la cual puede recurrirse para añadir en este listado.
Aquí en la provincia de Santa Fe, una de las pocas que tenía vedada la instalación de casinos -aunque rodeada de ellos al cruzar la frontera, como los casos de Paraná, Mar Chiquita o Selva-, esa posibilidad también ha sido habilitada, estando en avanzado estado de construcción esos centros de juegos que estarán complementados por complejos hoteleros. Tanto, como para estar a tono con el resto del país, y también para que el dinero de los santafesinos no se diluya en casinos de provincias vecinas, alentándose además una posibilidad turística de importancia para algunos de los sitios que contarán con esos casinos, cercanos a estar activos.
Este avance del juego, fomentado especialmente por el Estado, no responde a ninguna clase de reclamo social, sino que se trata de una cuestión que aparentemente es sostenida por cuestiones fiscalistas.
Aunque, desde tal óptica, el Estado olvida la misión de controlar la paz social y ofrecer las mejores posibilidades para el desarrollo de la misma, sin tener presente que está promoviendo hábitos en los ciudadanos que están total y absolutamente distanciados del esfuerzo, la responsabilidad y la cultura del trabajo y el estudio.
Además, es sabido que el juego provoca adicción, muchas veces a límites insospechados y con consecuencias que mucho tienen que ver con la desesperación y la realización de actos impensados, con el saldo de muchas familias en la ruina, resignando sus posibilidades de desarrollo.
Según algunas estadísticas, quienes resultan con mayor nivel de adicción son las mujeres y los jóvenes, especialmente en lo que hace a las máquinas tragamonedas, una alternativa de juego que permite acceder con montos de dinero muy reducidos, afectando así a muchos grupos familiares.
Es entonces necesario que se reformule esta política en favor del juego, ya que los aportes económicos que formaliza no compensa ni medianamente los efectos negativos que provoca en el conjunto de la sociedad.
Fuente: laopinion-rafaela

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