Argentina - Buenos Aires - El control del juego es un tema delicado para Daniel Scioli y Mauricio Macri. Hace semanas, Scioli le pidió la renuncia a Luis Peluso, el interventor de la Lotería bonaerense, quien había recibido denuncias por enriquecimiento ilícito.El gobernador encaró un análisis sobre la renovación de licencias de bingos que están por vencer y otras que están en situación irregular. Le encomendó la tarea a Jorge Rodríguez y Néstor Cotignola. Igual, Peluso tendrá injerencia por unos meses.
A final de 2008, circuló un borrador de proyecto de ley de juego atribuido a los equipos técnicos de Scioli. No llegó a la legislatura provincial porque la propuesta implicaba una extensión de la cantidad de salas, más máquinas tragamonedas y porque la Iglesia -a través del obispo Jorge Casaretto- jugó un rol clave presionando a intendentes, diputados y senadores bonaerenses para evitar que López entrara en ese territorio.
También a fines del año pasado, Macri tuvo que dar marcha atrás con un preacuerdo alcanzado entre Lotería Nacional y el Instituto del Juego porteño, para repartir en partes iguales las ganancias que les reportan los impuestos al juego. Pese a que le significaba más dinero, convalidar ese preacuerdo hubiera implicado dar por cerrado el debate de autonomía de la Ciudad para manejar el negocio, y también hubiera sido una legitimación del polémico decreto de Kirchner que prolongó el contrato de López a cambio de una exigencia particular: el dueño del juego debe aumentar la cantidad de tragamonedas en Palermo.
Fuente: clarin

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